
El Dr. Samuel Abdón entró en el aula máxima, las sillas, ahora escasas, las ocupaban los estudiantes de primer año de la facultad de Psicología de la Universidad Mayor; al notar su presencia las voces se apagaron, los murmullos y la tos inoportuna convirtieron la atmósfera del aula en una ceremonia de iniciación. Sin comprometer su aura de gran decano, el Dr. Samuel se acomodó en un atril, empujó sus gafas hacia su frente y levanto la mirada para ver la nueva legión de jóvenes. El silencio tomó la forma de un gran monstruo y de inmediato la tensión latente en el aire atrapó la atención de todos hacia el orador.
—Durante décadas el hombre ha buscado sin mayor fortuna las herramientas para controlar lo que él considera la verdad absoluta; su pasión por el conocimiento, el cual desarrolla a través de los caminos de la observación, la intervención y el experimento han evolucionado en fenómenos que hoy en día podemos considerar como caminos abiertos hacia el interior de la psique, que es en pocas palabras, el descubrimiento de “ese algo” al que muchos llamamos: el alma humana. Ustedes hoy no deben olvidar que son hombres de ciencia y se enfrentan indefensos ante el estudio de algo inmaterial, algo que deben encadenar a su academia con los eslabones del raciocinio y los hechos; la precisión no se puede dejar escapar y la ausencia de la exactitud no puede desbordar en ustedes la objetividad que es en últimas lo que nos separa de la charlatanería. Odio usar este término pero en el aburrido imaginario colectivo, la religión, la magia, las creencias populares y otros vicios públicos, hacen parte inseparable del alimento de la psique. Chatarra colectiva que enriquece las enfermedades de los pacientes, que llena las calles de personas ansiosas y estresadas. Ellos necesitan de nuestro control, de nuestra comprensión de su mente.
El discurso se detiene por un instante, mientras Samuel Abdón bebe un poco de agua dispuesta en su atril, deja el vaso y busca en su maleta una grabadora. La ubica cerca al micrófono y continúa:
—La grabación que escucharán a continuación es el relato de un paciente con un cuadro severo de enfermedad maniaco depresiva, quiero que le presten atención y luego me den su concepto como futuros profesionales. El Relato lo grabé en el hospital psiquiátrico central, mientras buscaba el tratamiento adecuado para este caso.
La grabación inició. A manera de ficha técnica, el Dr. Samuel describía la fecha, 6 de Junio de 1.999 el nombre del paciente Miguel Velásquez Torres.
—Hola Miguel, me han hablado mucho de ti, de tus fuertes convicciones cristianas, y del valor con el cual has afrontado los episodios de tu historia. ¿Podrías describirme esos episodios?, ¿contarme como tu médico, lo que te ha traído a este sitio?
—Sí Doctor.
—Empieza Miguel, hablemos de Lucybell.
—Lucybell es un cantante de rock, o mejor, es una banda, su líder se llama Claudio, Claudio Valenzuela. Mis amigos y yo siempre lo llamamos Lucybell.
—Y qué pasa, o qué pasó exactamente con éste “Lucybell”
—Hace como 6 años vinieron a dar un concierto en la ciudad, yo era un gran fanático del grupo y una emisora hizo un concurso, con llamadas a la estación y respondiendo preguntas sobre la banda, no solo se tenía la oportunidad de ganar entradas, sino además de conocer al grupo en persona. Yo tuve la oportunidad de llamar una mañana en la que me declaré enfermo y no fui al trabajo, marqué a la emisora, la llamada entró, contesté las preguntas y gané el premio.
—El premio era conocer al tal Lucybell…
—Sí Doctor.
—OK, ¿y entonces?
—El día del concierto un par de horas antes de empezar, tuve la oportunidad de conocer a Claudio, cuando él me vio, sólo atinó a decirme: “Hola Miguel te he esperado una eternidad”. Lo hizo con tal familiaridad, como si me conociera de siempre. Me dijo que tenía algo muy importante que decirme y nos alejamos a una sala privada.
— ¿Y qué te dijo?
—Dijo que él había venido a verme, que tenia algo para darme. Me dijo que me daría los números del baloto que jugaba al día siguiente, pero afirmó que si yo los tomaba, moriría en 10 años.
— ¿y tú qué hiciste?
—No tenia mucho que pensar, para esa época mis hijos tenían 5 y 2 años respectivamente; yo trabajaba en una oficina, cumplía un horario, tomaba el transporte público, fiaba en la tienda, pero en diez años mis hijos Mateo y Amelia tendrían 15 y 12 respectivamente y no podía dejarlos solos; de qué me serviría el dinero si no podría vivir con ellos; imagínese Doctor, no poder verlos crecer, ni sentir el olor de su piel, ni enseñarles los valores de la vida…
—Pero Miguel, con el dinero de la lotería ¡podrías haber asegurado su futuro!
—Es cierto Doctor, pero piense que yo habría perdido la alegría de tenerlos a mi lado. Así que preferí rechazar el ofrecimiento, la tentación de Lucybell, era como si vendiera mi alma si aceptaba tal oferta; salí corriendo asustado y no entré al concierto, corrí a mi casa, abracé mi esposa y mis hijos, recé mucho y me sentí mejor.
— ¿Y qué sucedió después de eso?
—Lo peor. Un par de meses después mi esposa tuvo vacaciones, yo no podía darme el lujo de pedir licencia, las deudas me acechaban, los compromisos de la casa y los colegios, así que con mi esposa decidimos que ellos tres viajarían a tomar vacaciones esa semana y yo trabajaría. Me cuentan los pequeños primitos de mis hijos, que la niña cayó en la piscina por accidente, el niño se tiró para tratar de ayudarla, mi esposa se estaba duchando en la cabaña y los niños salieron sin que ella se diera cuenta. Nadie pudo hacer nada por ellos, Amelia y Mateo se me ahogaron…
Un silencio incomodo se apoderó de la grabación, el sonido hueco del ambiente era el único testigo de lo que Miguel sentía mientras lo grababan.
—Esta bien Miguel, si quieres paramos un momento.
—No Doctor terminemos rápido, sigamos.
— ¿Qué pasó después de eso? – La voz del Doctor muy tenue empujaba a que Miguel buscara algo de tranquilidad, entonces continuó.
—Mi esposa no pudo soportarlo, la llevé a los médicos del seguro, psiquiatras como usted, que lo único que me recomendaban era internarla en un sitio en donde tuviera el tratamiento adecuado. El caso es que ese tipo de tratamientos no los cubría el plan público de salud, no teníamos dinero suficiente, no pude llevarla. Una tarde, un domingo exactamente, entró a ducharse… y ya no más, no me habló nunca más… ella decidió quitarse la vida, se dejó ganar por la culpa. Se cortó las venas en el baño, la encontré sentada, recostada contra la pared, blanca y desnuda… tranquila.
— ¿Y entonces? ¿Qué hiciste?
—Traté de tomar el mismo rumbo de la muerte. Varias veces caminé por cornisas de edificios pero jamás tuve el valor de saltar, no quería condenar mi alma, así que le pedí a mi hermano que me trajera aquí, a un hospital psiquiátrico, pienso que aquí evitaran que me mate.
— ¿Por qué crees que te pasó todo esto?
—No entiendo Dios por que me hizo esto, no quiero reconocer la rabia que tengo, no quiero pensar en Dios porque él se llevó a mis hijos y mi esposa está en un purgatorio, en el limbo, condenada. No dejo de pensar que si hubiera aceptado la propuesta de Lucybell, yo hubiese estado en ese viaje con mis hijos y tal vez esa desgracia no habría pasado, y si era voluntad de Dios que ellos se fueran a su lado, por lo menos habría tenido el dinero para que mi esposa fuera atendida por los mejores especialistas y tal vez habría recuperado su cordura, y si de todos modos el señor quería en mi destino esta prueba de llevarse a mi esposa, yo sólo habría tenido diez años de sufrimiento gracias al trato hecho con Lucybell.
La grabación se detuvo, el Dr. Samuel pidió a los estudiantes que le dieran su opinión como profesionales. Muchos de ellos concluyeron que el personaje de Lucybell era un ser imaginario en el cual el paciente depositaba el origen de su tragedia. Otros hablaron del egoísmo, de cómo preferimos “tener atados” a nuestro lado a las personas y no pensamos en su bienestar sin nuestra presencia, otros hablaban del poder inequívoco de la casualidad, las discusiones sobre el destino, la ciencia y el alma, se hacían más bizantinas, el silencio del aula desapareció y el Dr. Samuel se despidió, no sin antes reforzar su discurso sobre el raciocinio y la objetividad. Al llegar a su oficina su secretaría lo abordó con respeto y le dijo:
—Doctor, el señor que está sentado en el hall lleva rato esperándolo.
— ¿Quién es?
—No lo había visto nunca por acá Doctor, dice que se llama Claudio Valenzuela y que tiene una cita con usted.
—Dígale que entre a mi oficina –dijo con serenidad- No me pase llamadas por favor.
La secretaria asintió. Samuel entró a su despacho, se acomodo en su silla, tomo unos cigarrillos de su escritorio y encendió uno. De repente vio entrar a un hombre moreno, con una incipiente barba, el pelo corto con tres extensiones de pelo a manera de rastas que se desprendían de su nuca. El Dr. Samuel le dijo:
—La verdad esperaba esta visita, Lucybell, hijo de Jehofell, Legionario y Primer Ramkit (1) del patético ejercito angelaico. Que la maldición acompañe a mi inmundo enemigo. ¿Qué viene a reclamar en mi vasto territorio?
—Creo que siento la misma repugnancia al verlo Samuel, o mejor dicho Samael Abadon, hijo de Satachia, Conquerast (2) de la segunda tierra, corruptor demoníaco; he venido a proteger el espíritu de Miguel; hoy han mencionado su nombre y es tiempo de que reciba su Milacrux.
—Él ya lo rechazó, su egoísmo y lo que ellos llaman “amor” lo alejaron del Milacrux y prefirió seguir siendo un pobre hombrecito común, ahora me pertenece, esta Tierra, la Segunda Tierra y sus habitantes ya forman parte de los esbirros de Satachia, ¿no ha visto en sus ojos el escepticismo y la confusión? Aquí en la segunda tierra su ejército ya perdió. El derecho al Milacrux que tiene cada hombre lo han cambiado por la incredulidad y la arrogancia de saberse conocedores de la ciencia y los hechos. Ya nadie cree en Milacrux.
— Ellos no conocen su destino y cada vez es más difícil que escuchen nuestras voces protectoras.-dijo Lucybell- Su concepción de la razón y creencias religiosas que usted y las enfermas bestias Conquerast les han predicado han hecho que se pierdan entre el escepticismo y la locura fanática de los cultos, pero Miguel me pertenece, su voluntad y respeto por su vida han sido suficientes para alcanzar su redención en esta segunda Tierra. ¡Devuélvamelo!
—Esta en el hospital psiquiátrico central, dudo mucho que después de los kilos de antidepresivos que ha consumido crea que existe en esta segunda Tierra un ser protector que le trae un Milacrux que cambiará su vida. Ya sabe el viejo refrán: “Hágase el milagro y hágalo el diablo”. Se lo repito ya nadie cree en milagros. Ya nadie haría un sacrificio por conocer uno verdadero.
Lucybell sacó una pequeña daga de su chaqueta, cortó su dedo anular y con el líquido blanco que brotaba dibujó en la pared un extraño icono, como un tribal. A medida que lo dibujaba Samael sangraba por uno de sus oídos, una pequeña gota también escapó de su nariz.
________________________________________________
(1). En el lenguaje Celisco, Ramkit es un capitán de los soldados angelaicos, que vencieron en la batalla del primer gran orden a la legión de Bazomet, reestableciendo el equilibrio universal roto por éste, al descubrir la forma de asesinar angelaicos sin que muriera ningún miembro de sus hordas. Bazomet se llevó este secreto al mundo resplandeciente del silencio.
(2). Los Conquerast son generales oscuros del submundo en la segunda tierra, su objetivo es destruir al hombre por ser ésta la mas preciada creación del ser supremo , se dice que un Conquerast corrompió a los primeros hombres, tentándolos por medio del placer y la maldad, poseyendo la serpiente eterna Ian. Los Conquerost cumplen las ejecuciones ordenadas por la muerte, en contradicción con su naturaleza creadora ya que sus consortes malignas procrean cientos de demonios por parto.

OKchica+copy.jpg)



